Tarea 1: miércoles 29 de marzo
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Seda. Esta novela empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento. El hombre se llama Hervé Joncour. […] Se podría decir que es una historia de amor.
Pero si solamente fuera eso, no habría valido la pena contarla. En ella están entremezclados deseos, y dolores, que se sabe muy bien lo que son, pero que no tienen un nombre exacto que los designe. Y, en todo caso, ese nombre no es amor […].
Grácil relato dedicado al erotismo contenido, seda es un tejido de silencios, de gestos simbólicos que recubren angélicamente una pasión volcánica. Traducida a más de diecisiete idiomas y más de 800,000 ejemplares vendidos, esta novela significo la consagración internacional del autor quien consiguió con la publicación de esta obra cautivar a miles de lectores en Italia y en todos los países donde ha sido traducida porque logró dotarla de una sorprendente belleza, que nos sugiere y nos emociona a la vez. Ambientada en el siglo XXI, es una historia sobre el deseo, los sueños y el destino.
Tarea 2: Jueves 30 de marzo
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Tarea 2: Jueves 30 de marzo
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Hace diez minutos que llegué
de nuevo aquí, a ciudad donde nací. Todo ha cambiado demasiado. Voy caminando
por la Avenida del Río. Ahora doy vuelta en la calle del Lago Viejo, caminando
rumbo a mi vieja escuela. Apenas falta una cuadra para llegar, suena la campana
de la escuela. Sigo caminando y mientras más me acerco, me envuelve el barullo
de los estudiantes. Blanca me ve y me saluda, preguntando por qué no he ido a
clases. Con toda la tristeza del mundo le digo que he estado preparando mis
cosas, porque mi familia y yo nos iremos a otro Estado. Me mira con tristeza,
mientras por su mejilla rueda una lágrima. No decimos nada más, sólo nos
abrazamos. Un sentido y cálido abrazo que no he olvidado en estos quince años
de ausencia. Llego a la escuela y doy vuelta a la izquierda, rumbo al nuevo
centro comercial que voy a supervisar.
Los dos empleados del
restaurante se encontraban limpiando las mesas después de cerrar el local. En
ese momento ingresaron al lugar dos encapuchados que les exigieron la
recaudación del día. Luego los asaltantes escaparon en un auto que habían
robado dos horas antes en el estacionamiento de un supermercado.
Mientras Macondo celebraba la
reconquista de los recuerdos, José Arcadio Buendía y Melquíades le sacudieron
el polvo a su vieja amistad. El gitano iba dispuesto a quedarse en el pueblo.
Había estado en la muerte, en efecto, pero había regresado porque no pudo
soportar la soledad. Repudiado por su tribu [...] decidió refugiarse en aquel
rincón del mundo todavía no descubierto por la muerte, dedicado a la
explotación de un laboratorio de daguerrotipia. Cien años de soledad, de Gabriel García
Márquez
Cuando intenté levantarme para
andar por el suelo, resbalaba, y aunque ya me figuraba dónde estaba, preferí no
pensar, pues me acordé de lo que mi madre me había dicho en su lecho de muerte.
Yo estaba a su lado, muy triste, y mi madre, que se ahogaba, tuvo fuerzas para
levantarse de medio cuerpo para arriba y con el brazo largo, largo y seco como
un mango de escoba, me pegó un tremendo guantazo y me gritó aunque apenas se la
entendía: !no pienses! Y murió. Mi Cristina, de Mercé Rodoreda
Era la hora en que los niños
juegan en las calles de todos los pueblos, llenando con sus gritos la tarde.
Cuando aun las paredes negras reflejan la luz amarilla del sol.
Al menos eso había visto en
Sayula, todavía ayer a esta misma hora. Y había visto también el vuelo de las
palomas rompiendo el aire quieto, sacudiendo sus alas como si se desprendieran
del día. Volaban y caían sobre los tejados, mientras los gritos de los niños
revoloteaban y parecían teñirse de azul en el cielo del atardecer.
“Muchos años después, frente al pelotón de
fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde
remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Cien años de soledad de
Gabriel García Márquez.
“Bastará decir que soy Juan
Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne”.
“Tampoco vendrán en mi defensa
testigos que se puedan comprar con el dinero, el favor o la autoridad.”
“El día en que lo iban a
matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque
en que llegaba el obispo”.
“Las hormigas se comerán Roma.
Esta dicho”.
Camino hacía mi casa. Son las
ocho de la noche y hace menos de diez minutos que logre terminar con los
reportes. El día fue largo y cansado. Aún me queda mucho camino por recorrer
hasta mi casa, la que extrañe hoy más que nunca. Con el pijama puesto, me
dispongo a preparar una rica cena congelada llena de grasas saturadas y
azucares refinados que lograrán hacerme sentir mejor. Junto con mi película
favorita lista para verse, el sillón de la sala preparado con mantas y
almhoadas, la luz apagada y sabiendo que mañana es sábado, he logrado tener un
final feliz para el día más estresante y saturado de mi vida. Ya estoy en la
parada del camión, mientras espero que llegue leo algunos anuncios colocados a
un lado de los asientos, lo veo venir, es un alivio. Subo en al camión y pago
la cuota requerida, así comienza la segunda etapa de mi regreso a casa, ésta
durará una hora si bien me va y ya después caminare unas veinte cuadras hasta
mi añorado destino final.
Un personaje se acerca a un
barranco y se ve a sí mismo cayendo, días después, cae.
El día en que lo iban a matar,
Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que
llegaba el obispo. Gabriel García Márquez, Crónica de una muerte anunciada
Tarea 1: miércoles 29 de marzo
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Seda. Esta novela empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento. El hombre se llama Hervé Joncour. […] Se podría decir que es una historia de amor.
Pero si solamente fuera eso, no habría valido la pena contarla. En ella están entremezclados deseos, y dolores, que se sabe muy bien lo que son, pero que no tienen un nombre exacto que los designe. Y, en todo caso, ese nombre no es amor […].
Grácil relato dedicado al erotismo contenido, seda es un tejido de silencios, de gestos simbólicos que recubren angélicamente una pasión volcánica. Traducida a más de diecisiete idiomas y más de 800,000 ejemplares vendidos, esta novela significo la consagración internacional del autor quien consiguió con la publicación de esta obra cautivar a miles de lectores en Italia y en todos los países donde ha sido traducida porque logró dotarla de una sorprendente belleza, que nos sugiere y nos emociona a la vez. Ambientada en el siglo XXI, es una historia sobre el deseo, los sueños y el destino.
Tarea 2 miércoles 29 de marzo
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Hace diez minutos que llegué
de nuevo aquí, a ciudad donde nací. Todo ha cambiado demasiado. Voy caminando
por la Avenida del Río. Ahora doy vuelta en la calle del Lago Viejo, caminando
rumbo a mi vieja escuela. Apenas falta una cuadra para llegar, suena la campana
de la escuela. Sigo caminando y mientras más me acerco, me envuelve el barullo
de los estudiantes. Blanca me ve y me saluda, preguntando por qué no he ido a
clases. Con toda la tristeza del mundo le digo que he estado preparando mis
cosas, porque mi familia y yo nos iremos a otro Estado. Me mira con tristeza,
mientras por su mejilla rueda una lágrima. No decimos nada más, sólo nos
abrazamos. Un sentido y cálido abrazo que no he olvidado en estos quince años
de ausencia. Llego a la escuela y doy vuelta a la izquierda, rumbo al nuevo
centro comercial que voy a supervisar.
Los dos empleados del
restaurante se encontraban limpiando las mesas después de cerrar el local. En
ese momento ingresaron al lugar dos encapuchados que les exigieron la
recaudación del día. Luego los asaltantes escaparon en un auto que habían
robado dos horas antes en el estacionamiento de un supermercado.
Mientras Macondo celebraba la
reconquista de los recuerdos, José Arcadio Buendía y Melquíades le sacudieron
el polvo a su vieja amistad. El gitano iba dispuesto a quedarse en el pueblo.
Había estado en la muerte, en efecto, pero había regresado porque no pudo
soportar la soledad. Repudiado por su tribu [...] decidió refugiarse en aquel
rincón del mundo todavía no descubierto por la muerte, dedicado a la
explotación de un laboratorio de daguerrotipia. Cien años de soledad, de Gabriel García
Márquez
Cuando intenté levantarme para
andar por el suelo, resbalaba, y aunque ya me figuraba dónde estaba, preferí no
pensar, pues me acordé de lo que mi madre me había dicho en su lecho de muerte.
Yo estaba a su lado, muy triste, y mi madre, que se ahogaba, tuvo fuerzas para
levantarse de medio cuerpo para arriba y con el brazo largo, largo y seco como
un mango de escoba, me pegó un tremendo guantazo y me gritó aunque apenas se la
entendía: !no pienses! Y murió. Mi Cristina, de Mercé Rodoreda
Era la hora en que los niños
juegan en las calles de todos los pueblos, llenando con sus gritos la tarde.
Cuando aun las paredes negras reflejan la luz amarilla del sol.
Al menos eso había visto en
Sayula, todavía ayer a esta misma hora. Y había visto también el vuelo de las
palomas rompiendo el aire quieto, sacudiendo sus alas como si se desprendieran
del día. Volaban y caían sobre los tejados, mientras los gritos de los niños
revoloteaban y parecían teñirse de azul en el cielo del atardecer.
“Muchos años después, frente al pelotón de
fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde
remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Cien años de soledad de
Gabriel García Márquez.
“Bastará decir que soy Juan
Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne”.
“Tampoco vendrán en mi defensa
testigos que se puedan comprar con el dinero, el favor o la autoridad.”
“El día en que lo iban a
matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque
en que llegaba el obispo”.
“Las hormigas se comerán Roma.
Esta dicho”.
Camino hacía mi casa. Son las
ocho de la noche y hace menos de diez minutos que logre terminar con los
reportes. El día fue largo y cansado. Aún me queda mucho camino por recorrer
hasta mi casa, la que extrañe hoy más que nunca. Con el pijama puesto, me
dispongo a preparar una rica cena congelada llena de grasas saturadas y
azucares refinados que lograrán hacerme sentir mejor. Junto con mi película
favorita lista para verse, el sillón de la sala preparado con mantas y
almhoadas, la luz apagada y sabiendo que mañana es sábado, he logrado tener un
final feliz para el día más estresante y saturado de mi vida. Ya estoy en la
parada del camión, mientras espero que llegue leo algunos anuncios colocados a
un lado de los asientos, lo veo venir, es un alivio. Subo en al camión y pago
la cuota requerida, así comienza la segunda etapa de mi regreso a casa, ésta
durará una hora si bien me va y ya después caminare unas veinte cuadras hasta
mi añorado destino final.
Un personaje se acerca a un
barranco y se ve a sí mismo cayendo, días después, cae.
El día en que lo iban a matar,
Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que
llegaba el obispo. Gabriel García Márquez, Crónica de una muerte anunciada